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¿Por qué hay prejuicios sobre la historieta popular mexicana?

Parte 2

Por Laura Nallely Hernández Nieto


Para leer al Pato Donald, Ariel Dorfman y Armand Mattelart

Ahora pasemos a los estudios académicos. En 1972 se publicó Para leer al Pato Donald de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, un texto que hasta la fecha forma parte de la bibliografía de algunas carreras ─aunque ya existen nuevas conceptualizaciones─. Este libro tenía el enfoque de la Escuela de Frankfurt, específicamente lo propuesto por Theodor Adorno y Max Horkheimer, quienes veían a la cultura de masas como una máquina de reproducción cultural que creaba bienes estandarizados utilizados para manipular a la sociedad.

En su momento, el libro de Dorfman y Mattelart fue importante para los estudios de comunicación de América Latina y su teoría influenció a otros investigadores. Se ciñen a esta vertiente los libros de Irene Herner: Tarzán, el hombre mito (1974), donde concluye que este personaje es un mito del imperialismo, y Mitos y monitos: historietas y fotonovelas en México (1979), publicación donde llega a una conclusión similar pero con personajes como Kalimán.

En esa década, Higilio Álvarez Constantino escribió La magia de los “cómics” coloniza nuestra cultura (1978), un libro donde el autor alegaba que Superman, Donald, Mickey y demás personajes habían alejado a los niños de la cultura nacional. Además, en Impacto de la revista, la gran prensa y la historieta en la conciencia social (1983), Víctor Hugo Bolaños Martínez sostenía que estas publicaciones (sobre todo las historietas) creaban en el lector un sistema de juicios negativos que lo terminaban conduciendo a la violencia (algo así como lo que siempre se ha dicho de los videojuegos). En tiempos en que preponderaba la corriente marxista en la academia, se manejaba el discurso de que el cómic era alienante y que el lector contribuía con el imperialismo al comprar estas revistas.

Puros cuentos. La historia de la historieta en México, Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra

En esta parte es necesario mencionar que los libros de Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra tienen una perspectiva diferente. Los tres volúmenes de Puros Cuentos. La historia de la historieta en México, publicados entre 1988 y 1994, fueron resultado de la investigación realizada para armar la exposición que llevó el mismo título, y que se presentó en el Museo de las Culturas Populares en 1987. Es una lástima que no se haya hecho una reedición de estos libros ya que constituyen una lectura imprescindible.

Aún en estos años hay una visión que se perpetúa: la vulgaridad. Un libro de investigación histórica sobre historieta que actualmente se reedita es Del Pepín a los Agachados. Comics y censura en el México Posrevolucionario de Anne Rubenstein. Desde las primeras páginas la autora menciona que “en México los cómics son ubicuos y vulgares, en todos los sentidos de la palabra”. Aunque la publicación aporta datos significativos y es un estudio riguroso, parte desde una premisa negativa.

El investigador Genaro Zalpa menciona que hay estudiosos que utilizan un argumento circular donde “se afirma que las clases populares son simples porque leen historietas y las historietas son simples porque son la lectura favorita de las clases populares”. Esto hace que se sobrevalore la importancia de lo que ellos sí leen y se termine menospreciando lo que no les es conocido.

Probablemente, los prejuicios ya mencionados impactaron en la decisión de formar archivos donde se preservara a las historietas mexicanas. Sin embargo, ¿quién puede evaluar qué material es importante y cuál no? Otras publicaciones ─que nadie consulta─ pueden estar en fondos especiales de las bibliotecas porque la tradición académica y el imaginario cultural les ha dado algún valor sobre lo que, a su parecer, son los “documentos importantes”.

Como vimos, los prejuicios no se originan de la nada sino que son resultado de un proceso que se ha ido labrando a lo largo de las décadas. A la historieta popular se le ha asociado con ser una lectura infantil y preferida por gente sin educación. Afortunadamente, en México la visión académica sobre el cómic de las décadas anteriores ha ido cambiando en los últimos años. Más allá de los prejuicios, la historieta mexicana ha mostrado que tiene un valor documental y que constituye un testimonio visual de la época en que fue producido. Es hora de apreciar la riqueza y tradición que ha tenido la historieta popular mexicana.


Bibliografía

  • Azuela, Mariano, Nueva Burguesía, México, FCE, 1985.
  • Camacho Morfín, Thelma y Aidé Guadalupe Piña Rodríguez, “La satanización de la historieta en el muralismo mexicano” en Memoria del Segundo Seminario de Investigación en Historia y Antropología, México, Universidad Nacional Autónoma de Hidalgo, 2011.
  • Hernández Nieto, Laura Nallely, “La batalla contra la censura de la revista de historietas Pepín” en Prensa periódica, géneros e historia literaria siglos XIX y XX, México, Instituto de Investigaciones Filológicas – Instituto de Investigaciones Bibliográficas UNAM, 2021.
  • Rubenstein, Anne, Del Pepín a Los Agachados. Cómics y censura en el México posrevolucionario, México, FCE, 2004.
  • Sergio Pitol, El arte de la fuga, Barcelona, Anagrama, 1996.
  • Zalpa, Genaro, El mundo imaginario de la historieta mexicana, México, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2005.

Patricio Betteo Ilustrador profesional con más de 20 años de experiencia, pero en el fondo se considera más bien un “grafista”, porque vive y se desvive por la gráfica, su más grande amor.